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jueves, 13 de octubre de 2016

El arca sideral: Capítulo I



El arca sideral
por Pedro Luis Carballosa Mass

Capítulo I

La nave parecía inmensa, y se movía lentamente, o por lo menos daba esa sensación sin disponer de un punto de referencia cercano a donde estaba. Las estrellas que podían verse desde su situación, como si colgaran de un negro lienzo, no eran más que titilantes puntitos de variados colores que se amontonaban y se mantenían estáticos en un mismo sitio, conformando aglomeraciones, salvo por la situada a unos pocos grados a estribor de la proa del ingenio, que a pesar de verse también como un punto luminoso de un color rojo, era un poco más grande y se notaba mucho más debido a que estaba solitaria, y a que se movía casi imperceptiblemente de su posición, como si deseara separarse cada vez más de la dirección del movimiento. Esto daba la impresión no sólo de que debía de estar mucho más cerca, sino de que el vehículo se había estado dirigiendo hacia ella hasta poco tiempo antes.

Era precisamente la luz de esa estrella, y en menor medida el resplandor de las aglomeraciones, una de las cosas que permitía ver la nave en medio de la helada oscuridad que la rodeaba, en especial por los reflejos que creaba la primera en la pulida proa a modo de cúspide de pirámide que coronaba el eje central parecido a un obelisco de la estructura, pues las otras luces que parpadeaban a lo largo de ésta, y en los bordes de la rueda que estaba situada en posición transversal con respecto al eje, en las cercanías de la popa, y que se sostenía a este por medio de brazos traslucidos, no iluminaban mucho por su poca intensidad y su color azulado.

Y, sin embargo, todo cambio de improviso cuando la enorme estructura pareció convertirse en una carroza. Las luces que hasta ese momento se notaban débiles y de un color pálido se empeñaron en llenar el espacio con su brillo, y formas variadas recorrieron la superficie metálica del ingenio. Era como si con ello se propusiera enviar una señal visible a un inexistente acompañante, en especial con los brazos traslúcidos, que se encendieron de un modo que la rueda cercana a la popa pareció un sol en sí misma y debió poder ser vista por su tamaño a una larga distancia. Fue entonces cuando se distinguieron los enrevesados caracteres situados a cada lado de la nave en las cercanías de la proa, tan pulidos que en ellos pudieron verse reflejados los diversos colores cambiantes.

La cacofonía de colores y formas se prolongó por un largo rato, y a ella no demoró en unirse la luz de los retropropulsores. Ésta era un raro fuego púrpura, disperso como una cabellera ondeando al viento, que llenó por completo los bordes de la estructura a modo de rueda. Mas como si el deseo de los tripulantes no fuera otro que corregir el rumbo del vehículo, los retropropulsores no estuvieron encendidos por mucho tiempo, y luego de lanzar varias llamaradas, que por su magnitud daban una idea del impetuoso empuje que producirían, volvieron a hacerse invisibles, con lo que desapareció también la imprevista explosión de alegría.

La oscuridad volvió a enseñorearse de los alrededores del vehículo espacial, y eso permitió ver con más claridad como un puntito diminuto de luz se separaba del cuerpo principal a una velocidad tan pasmosa que era casi imposible seguirlo con la vista. Por eso no demoró en desaparecer con rumbo a la estrella roja que ahora se veía casi alineada con la proa, confundiéndose con su luminosidad cada vez más intensa.

En tanto la veloz lucecilla desaparecía, en un ovalado recinto interior de la impresionante nave, que a diferencia de sus paredes exteriores había permanecido sumido en una profunda penumbra, pudo verse una leve luminiscencia que se fue haciendo cada vez más deslumbrante. Hasta ese momento sólo una multitud de parpadeantes luciérnagas situadas sobre un panel que, como un semicírculo de material negro cubría la superficie delantera del óvalo, lo había estado iluminando ligeramente, en cambio ahora, cuando la luz blanca lo inundó todo, se hizo visible una especie de sarcófago de unas proporciones envidiables y redondeados bordes que se encontraba en el mismo centro del recinto.

La superficie exterior del sarcófago se puso en movimiento hacia un costado, y con esto descubrió otra más pulida en su interior, en la que rebotaron como pelotas por un momento las luces pulsantes situadas en el estrellado panel delantero. Pero eso tampoco duró mucho, y cuando la habitación se vio iluminada, y los acordes de unas melodías parecieron llenarla, en la parte central del panel de luces coloridas se encendió una pequeña pantalla que se llenó rápidamente de símbolos semejantes a los que había a los costados del enorme ingenio, poco después de lo cual la tapa del sarcófago comenzó a levantarse con un tenue zumbido. En cuanto la tapa del depósito se separó de los bordes, un humo espeso y blanquecino se desprendió del interior, y continuó haciéndolo a medida que ésta se deslizaba a lo largo del depósito. Era como si estuviera impulsado por la poderosa gravedad de un planeta gigante, pues se desbordó como la miel, sin separarse de las paredes de su contenedor, y se extendió por todo el piso sin que por esto el interior del sarcófago pudiera verse más claramente. La cubierta se detuvo luego de llegar a su tope y la niebla se fue disipando poco a poco, con lo que pronto fue como un tenue velo y permitió ver, primero un raro rostro, y luego un largo cuerpo cubierto por una piel grisácea. La criatura poseía una cabeza achatada, y se mantuvo inmóvil como si durmiera, mas en el recinto no tardaron en escucharse otros melodiosos acordes y los tres ojos que poseía se mostraron, como si emergieran a la superficie de la piel, para mirar su entorno como si esa fuera la primera vez que lo veían.

Las pupilas del raro ser se posaron en una forma luminosa que se manifestó de improviso. Esta era una luz azulada de poca intensidad y de proporciones bastante parecidas a las de quien la miraba, sólo que se notaba su poca consistencia por ser traslúcida. La forma luminosa levantó una de sus extremidades, como si con ella señalara una dirección, y de ésta se vio salir una esfera también de luminosidad azulada, que levitó directamente hacia donde estaba la criatura que permanecía en el sarcófago. Las pupilas esta vez siguieron la esfera hasta que se detuvo a poca distancia de ellas, más a menos a la mitad del largo cuerpo, momento en que emitió una luz tan intensa a modo de cortina que dio la sensación de que podría tocársela si se deseara. La cortina se movió a lo largo del cuerpo, como si lo palpara, primero con rapidez hacia la cabeza, y luego de vuelta lentamente, hasta que lo barrió por completo, con lo que obligó a los ojos a hundirse de nuevo dentro de la piel de donde mismo habían salido.

En cuanto la luz intensa desapareció, y la esfera volvió a elevarse para unirse a la forma luminosa que la había emitido, la criatura mostró sus ojos otra vez y se empeñó en levantarse del sarcófago. Pero no se había incorporado del todo cuando se detuvo a oír una voz gutural de calmadas inflexiones, que se escuchó en el recinto y parecía provenir de donde mismo la esfera había ido.

–Espera a que termine la diagnosis, Marlok –dijo la voz y hubo un corto silencio–. Hace muchos períodos que estás sumido en el hipersueño y no sabemos la magnitud de los daños.

En el rostro del ser se mostró una expresión de duda, como si no entendiera las palabras, y puede que por eso demorara en obedecer y volver a recostarse con los ojos posados en la luminosidad que se había puesto a merodearlo.

–¿Ma… Maaaaa… Marlok? –repitió luego con evidente esfuerzo–. ¿Quién…?

Tenía una voz profunda y desagradable, tan gutural como la otra.

–La Kalamak se salió de su curso y me temo que cruzamos la zona desierta –dijo la primera voz con rápidez, interrumpiendo a Marlok, y la forma de luz azulada levitó lentamente por la estancia–. En estos momentos debemos estar en la galaxia espiral R201M4, a pocos períodos de distancia de una estrella desconocida. Pero no debes preocuparte demasiado, todos los sistemas parecen intactos y lancé una sonda de exploración para ver con qué nos topamos… gracias a eso hemos despertado.

El rostro de Marlok mostró aún más extrañeza, y siguió la luz con los ojos sin emitir una palabra. Era como si se preguntara en dónde la había visto antes y no pudiera recordarlo. El recinto, por consiguiente, se mantuvo en silencio durante unos instantes, hasta que unos melodiosos acordes se manifestaron.

–Puedes levantarte, Marlok –dijo la voz de la forma luminosa, y ésta se movió a las cercanías de Marlok–. Todas las pruebas han concluido con éxito.

No dio más detalles, y Marlok miró sus alrededores y posó sus tres ojos en ella, como si no se diera por aludido. El ser luminoso pareció percatarse sólo en ese momento de que algo no iba como se lo esperaba, y levitó delante de la criatura.

–Marlok, ¿puedes escucharme? Dile a Nurka si tienes un problema.

Marlok titubeó por un momento, y por fin se incorporó sobre sus extremidades inferiores. Tenía las piernas fuertes como las de un alce, mas aun así estas parecieron negarse a sostenerlo y se bamboleó cuando dio unos pocos pasos, como si el piso se escapara de debajo de sus pies de forma redondeada. La forma azulada llamada Nurka se movió a su costado, como si pudiera sostenerlo.

–La mala noticia es que nuestra misión no podrá ser completada con éxito –dijo mientras lo hacía, como si, viendo a su protegido recuperado, no deseara demorar más en contarle de los problemas–. Estamos demasiado lejos del sector señalado, recuerda que la galaxia R201M4 es nuestra vecina, la que va a colisionar con la nuestra dentro de varios millones de períodos.

En eso llegaron a una pared y Marlok se recostó en ella, y respiró pesadamente. Tuvo que darse vuelta para eso y sus ojos pudieron ver la gigante roja que se mostraba en la pantalla central del panel en donde poco antes habían desfilado los caracteres enrevesados de su escritura.

–Mírala, ¿no es hermosa? –dijo Nurka con su calma característica–. Este es un mundo moribundo, Marlok, y con su vista nos recuerda que no existe nada eterno.

–Hace un momento mencionaste una misión –musitó Marlok sin separar sus ojos de la estrella y la presencia azulada se volvió como para verlo.

–Sí… –dijo–. La misión era importante…

Marlok la miró y en sus ojos se manifestó una enorme tristeza, por eso la esfera continuó hablando.

–Debíamos salvar una muestra de la vida inteligente de uno de los mundos de nuestra galaxia antes de la colisión –dijo–. Los nuestros partieron para cruzar el gran desierto con un rumbo opuesto a la ruta de la Kalamak, ¿es que no lo recuerdas?

–No… no lo sé –dijo Marlok y se cogió la cabeza con sus extremidades, como si sintiera que iba a estallarle–. ¿Y dices que no tendremos tiempo de llegar a ellos? Si faltan millones de períodos.

–No, la Kalamak es una nave bastante rápida pero ni aun ella podría llegar hasta ese sistema, por lo visto están demasiado separados de nosotros… deben haber pasado también millones de períodos desde que pasamos por su lado –dijo Nurka–. Pero no pasa nada, pronto lo recordarás todo, esto es normal, la amnesia del hipersueño prolongado… y nosotros mismos debemos salir de esta galaxia o podríamos ser destruidos por la ola gravitatoria, podría lanzarnos a la singularidad del centro.

–Entonces… ¿ellos perecerán? –dijo Marlok como si no pudiera pensar en otra cosa–. ¿Cómo podré mirar a los otros cuando los encuentre luego de tamaño fracaso?

Nurka se movió delante de su rostro, como si deseara llamarle la atención.

–No será un fracaso, sucede bastante –dijo–. Por eso se envían las naves por pares y nuestra nave de respaldo, la Orlunak, debe haber llegado a ellos… le hice las señales lumínicas de saludo en cuanto desperté y no hubo respuesta. Tampoco lo hicieron por radio… lo único que no puedo entender es por qué no nos interceptó cuando nos vio seguir de largo. Eso está en sus protocolos.

En los ojos de Marlok nació una llama de esperanza y Nurka hizo silencio por un instante, a la vez que miraba a Marlok como si pensara si debía contarle toda la historia.

–En cuanto a los otros… –musitó indecisa–. No creo que volvamos a verlos.

Marlok la miró con viveza, y por primera vez Nurka pareció no saber en donde posar sus propios ojos luminosos.

–¿Cómo que…? – la instó Marlok.

–No pienses demasiado, sería inútil y es posible que estés confundido –dijo Nurka–. Poco a poco lo irás recordando. Por lo pronto será más conveniente que vayas a la sala de recuperación. Debes de recuperar las fuerzas pronto pues en cuanto la sonda Mayak permita que nos orientemos podremos tomar una decisión… y es posible debas entrar de nuevo en hipersueño.

Marlok pareció pensarlo, y Nurka se movió por la estancia como si lo evitara. Era evidente que no le diría nada en ese momento, y se sentía tan cansado como si en vez de estar durmiendo se hubiera pasado varios períodos excavando en las minas de la luna Ordumlan. Ese nombre le sonó tan raro que sacudió la cabeza preguntándose de dónde lo habría sacado, y luego se maravilló cuando de lo más profundo de su cerebro emergió la imagen de una muchacha. La chica tenía un rostro tan bello, y lo miraba con una emoción tan grande en sus tres ojos, que se le cortó el aliento.

–Nurka… sabes si Ord… –musitó y vio los tres ojos de luz azulada mirarlo.

–¿Sí?

–No, nada, olvídalo… será mejor ir a la sala de recuperación –dijo Marlok y dio unos pasoa, luego se detuvo–. ¿Dónde está la sala de recuperación?

Nurka pareció sonreírse y sin decir nada levantó una extremidad y de ella se desprendió una esfera de luz.

–La esfera ira contigo, Marlok –dijo y vio como Marlok asentía y la seguía–. Descansa bien y no pienses demasiado.

La puerta se cerró detrás de Marlok y Nurka se volvió para ver una vez más la gigante roja en la pantalla del panel de mando de la estancia.

–Ve en paz y no sufras, Marlok, héroe de los Usmalak… –musitó Nurka a medida que su luz se iba haciendo débil–. Nurka se encargará de todo –dijo y se esfumó del todo.

Entonces la luz de la estancia también se fue opacando poco a poco y pronto volvió a sumirse en la penumbra.

Puede enviar sus propias obras a katharsismagazine@gmail.com si desea publicarlas en este blog.
  

viernes, 23 de septiembre de 2016

Galaxy I: Prefacio




Galaxy I
por Pedro Luis Carballosa Mass
Segunda Parte
La rebelión de los inmortales

Prefacio
 
El frío espacio se conmovió de pronto, como si se doblara sobre sí formando una espiral, rotando a manera de revuelto y luminoso remolino a la vez que distorsionaba todo lo que a su través se veía y refulgía en la impenetrable oscuridad con un halo de luz azulada.
Muy poco después, sin que nada la enunciara, se produjo la explosión, una explosión enormemente destructiva que se desencadenó en medio del vacío. Porque no había nada en ese sitio, nada excepto una nave de envidiable envergadura que surgió de la distorsión y se precipitó a gran velocidad a la posición en donde pronto se encontraría rotando el quinto y último planeta del sistema solar en el que había caído, que como casualmente se movía en una órbita elíptica que iba a interceptarla.
La nave estaba construida a semejanza de un huevo que se hallase comprimido, lo que hacía que se viera casi como un platillo, y sería evidente para quien la observara que no estaba en demasiado buenas condiciones, como si hubiera estado implicada en una reciente y horrible batalla de la que la explosión que se había producido podría ser parte. De la superficie de su casco grisáceo, que por otro lado estaba lo bastante bien blindado como para dar la apariencia de que era invulnerable, se escapaban de a poco los gases que la estructura contenía a manera de surtidores de vapor pareci–dos a llamaradas, efecto debido a las rojas y parpadeantes luces de posición que en ella había. Esa era precisamente la única cosa que permitía que se la viera en medio de la ne–grura del cosmos, que lo cubrió todo después de que la dis–torsión desapareciera y la luminosidad de la explosión, que como un flash había permitido ver los alrededores, se eclip–sara. Y se podía decir que esa luz en otro momento débil se mostraba efectiva, pues se la podía ver aún mejor de lo que se veía en el puente de mando instalado en las entrañas del vehículo, del que ni aun las paredes, en apariencia negras, se distinguían con facilidad debido a la penumbra.
El recinto rectangular no sólo estaba a oscuras, sino que era extraño ya que en su interior no podían verse ningúno de los puestos de mando ni los paneles de control que eran comunes a esos sitios. Era como si se encontraran ocultos en las paredes o en el piso, y solamente podía distinguirse, situada en su mismo centro, una plataforma cilíndrica donde en un momento comenzó a desplegarse un pedestal negro como lo demás que lo rodeaba, levantándose lentamente de la superficie como una columna con un suave zumbido que era ocultado por la baraunda proveniente de la sirena, hasta que se detuvo, cuando era sólo un tanto más alto que una persona promedio.
El pedestal estuvo por unos instantes inmóvil, pero luego empezó a dividirse su pulida superficie, dando la impresión de ser un sarcófago, y dejó salir de su interior una especie de máquina humanoide de extremidades delgadas y cons–truida de brillante material blancuzco, que por esto contras–taba con su entorno y resaltaba en la oscura sala como en–vuelta con un halo de luz divina.
La máquina dio unos pasos y levantó su cabeza, larga y delgada como la de un caballo, desplegándola de su pecho estrecho. Y cuando miró su entorno, haciendo un leve y casi imperceptible sonido con sus movimientos, en ella se pudo ver un par de ojos de cegador brillo escarlata, salientes y de contorno redondeado.
–Enikan, solicito reporte del estado del TFS Predator una vez concluido el crono salto de escape del enemigo –dijo la criatura metálica de rojos ojos brillantes con su voz robótica e inmediatamente la alarma se detuvo y casi delante de sus narices surgieron varias pantallas holográficas cubiertas con datos y cifras, que iluminaron levemente la sala con una luz de un azul fosforescente.
La criatura observó las pantallas caminando por el recinto y sólo se detuvo cuando una voz mucho más melodiosa que la suya, parecida a la de una joven humana, rompió con sus inflexiones el silencio que lo había cubierto.
–Ptolomeo… esta es Enikan reportando… –dijo la voz y se escucharon unas leves modulaciones, como si una persona estuviera llamando a la puerta presionando el botón de uno de esos timbres de varios tonos–. TFS Predator gravemente dañado por misiles protónicos del enemigo… ejecutando la obtención de datos para reporte detallado de daños –siguió diciendo después la melodiosa voz y hubo silencio por unos segundos hasta que se escucharon otras modulaciones y la voz volvió a oírse.
–Propulsores gravimétricos principales en sólo un 30% de su potencia de diseño, sistemas de escudos cuánticos de la nave inactivos por déficit grave de energía de fusión de los núcleos, sistemas de gravedad interna decayendo a un 60% de la normal, despresurización completa inminente debida a graves daños en el casco blindado, sistemas de mantención de vida del personal humano en estado crítico...
La lista era larga y la criatura de metal llamada Ptolomeo permaneció en espera mientras la computadora central de la nave de combate de la Tierra bautizada como TFS Predator reportaba su desastroso estado. Pero luego su voz robótica volvió a escucharse en el puente, extrañamente calmada si se tenía en cuenta la situación extrema en que estaban.
–Enikan… inicia localización de la Novena Flota en órbita de la luna Calipso. Envía códigos de emergencia a su centro de comando para salvamento inmediato de las unidades de combate Alpha –dijo Ptolomeo.
El Sistema Integrado de Comando del TFS Predator, más conocido como Ptolomeo, había ordenado hacer un salto a ese sistema para que su crucero de batalla clase Spartan se encontrara protegido por la presencia de la Novena Flota de la Federación Terrestre, incluso cuando era probable que se dificultaran las cosas pues los mandos de ésta no deberían de estar enterados de su existencia. No había remedio, casi todos, salvo ellos, habían perecido en la última batalla, y los datos de combate existentes en los cerebros de los híbridos eran vitales para la supervivencia de la Tierra. Ellos eran los únicos que habían descendido a Zetes y debido a eso tenía que evacuarlos pasara lo que pasara, sin decir nada de los especímenes capturados en una nave enemiga.
–TFS Predator entrando en sistema colonial Alfa Centauri A y localizando Novena Flota –enunció Enikan.
Mientras Enikan hablaba podía verse en una pantalla que se había desplegado en la pared delantera del puente, como si saliera de la nada, un grisáceo planeta gigante rotando en su órbita calmadamente. En un costado de la pantalla decía que ese planeta había sido colonizado por los humanos en el 2256, hacía más de mil años, y pasaban otros textos con datos de modo que parecían los créditos de una película.
Ptolomeo permaneció en silencio, con sus ojos escarlata en la enorme esfera grisácea que rotaba con calma a la vez que era circundada por su único satélite, digno de su propia envergadura. La luna estaba posada como mariposa en una invisible rama a cientos de miles de kilómetros del planeta y su superficie, iluminada por Alfa Centauri B, parecía dorada, claramente visible por las lentes de las cámaras del crucero, mas la potente mente cuántica del ISC[1] pensó en que nada parecía ir muy bien en Ross, que se veía demasiado desier–to a pesar de ser la capital colonial de Alfa Centauri A y de otros sistemas relativamente cercanos, y por eso estableció un vínculo directo con los sistemas de visión del Spartan y vio sin que lo vieran sus ojos los valles y montañas nevadas del gigante a través de las nubes que navegaban con calma, para luego desviar la vista y revisar los cráteres de Calipso sin ver nada de lo que se esperaba.
En la inmensa superficie no se podía percibir movimiento de ninguna clase, incluso ni de vehículos comerciales de los que debería estar saturada, por no mencionar a la inmensa Novena Flota, que de hacer caso a sus registros debería de encontrarse estacionada en ese sitio.
La desolación de la órbita de Ross sí logró intranquilizarlo y, sin decirle a Enikan lo que lo preocupaba, caminó hasta la parte delantera de una de las pantallas del puente y consultó las imágenes del radar del Predator, buscando la presencia de escombros en la zona. No podía aceptarlo mas en lo más profundo de su mente una idea iba emergiendo, indicándole que era posible que los Kraken hubieran logrado destruir del todo antes de su llegada no sólo a la Novena Flota sino a las ciudades y estaciones orbitales existentes en ese sistema, lo que significaría que estaban más cerca del planeta Tierra de lo que había pensado.
Pero una vez más no encontró nada, como si de pronto la presencia humana en Ross hubiera sido eliminada sin que le dieran la menor oportunidad de supervivencia, cosa en nada sorprendente tratándose de los Kraken porque estando lejos de su sistema de origen no podían desperdiciar los recursos y recogerían los escombros espaciales, no así los restos de las ciudades en la superficie que como por arte de magia se habían esfumado igualmente.
El ISC del TFS Predator estaba a punto de hacer notar a Enikan su reciente descubrimiento, luego de llegar a la con–clusión de que algo extraño estaba sucediendo, cuando la melodía de la voz de ésta se escuchó nuevamente.
–¡Alerta...! Detectado error grave en los cálculos del crono salto producto de la explosión protónica. Fechado esperado incorrecto, repito... –dijo la computadora sin mencionar nada de la Novena Flota.
–Enikan, reporta magnitud del error del crono salto –dijo Ptolomeo interrumpiendo el mensaje y mirando los números que había delante de su rostro.
Entonces dio unos pasos, se podría decir que cada vez más impaciente.
Las cifras de la pantalla que miraba se pusieron rojas una detrás de otra y comenzaron con un inquietante parpadeo a la vez que un profundo silencio envolvió de nuevo el puente, como un pesado manto negro, y se mantuvo esta vez varios segundos hasta que las conocidas modulaciones vinieron a romperlo.
–Ptolomeo… la magnitud real del error del crono salto no ha podido ser calculada. Pero la magnitud estimada es de mil quinientos años hacia el pasado –dijo Enikan.
Ptolomeo guardó silencio por un momento, como si no se hubiera percatado de la voz, revisando una vez más lo que contenían las pantallas. Era como si no creyera lo que decía la computadora central, lo que era una de sus obligaciones después de todo como reemplazo del personal humano del puente de mando.
No obstante, después su voz volvió a resonar contra las paredes de la sala, una vez más tan calmada como en un comienzo.
–Enikan, procede con un nuevo crono salto de corrección utilizando la energía disponible, establece destino en el 3520 de nuestra era, código de coordenadas 301, límite Beta. Eso nos situará justo delante de la Novena Flota –dijo Ptolomeo.
–Negativo, Ptolomeo… potencia insuficiente. Predator no está en condiciones para crono salto –reportó Enikan.
Ptolomeo volvió hacia Ross su inexpresivo rostro blanco y pensó que si no lograba sacar la nave de esa zona, sin la protección de la Novena Flota de la Federación Terrestre, la nave Kraken que la había dañado la encontraría sin remedio y después daría buena cuenta de ella. El Predator no era un crucero débil, pero no podría defenderse en el estado en el que se encontraba y, de todas maneras, nadie solo podría luchar contra una escuadra de Kraken, ni siquiera una nave gigante de los Ur podría hacerlo y no sabía a ciencia cierta cuántos lo perseguían.
Sin embargo, por más que su cerebro buscaba una salida de la situación desesperada en la que se encontraba, no la había y si bajaba a Ross igual no podría sacar a las valiosas unidades Alpha de su sueño y los Kraken las matarían.
–Ptolomeo… esperando instrucciones –dijo Enikan como si estuviera impaciente y Ptolomeo levantó su cabeza.
–Enikan… inicia procedimiento de desembarco en Ross y mantén la dotación clase Alpha en estado de hibernación o podría descontrolarse –dijo Ptolomeo después de una corta pausa para luego moverse hacia otra pantalla.
–¡Entendido, Ptolomeo! –dijo Enikan.
–Has lo mismo con los Kraken capturados en la nave del enemigo destruida e inicializa los sistemas de reparación de emergencia del TFS Predator de inmediato. Es necesaria la reparación urgente de los sistemas energéticos del crucero y de los sistemas de sostenimiento de vida. Debemos ejecutar crono salto de corrección cuanto antes –habló nuevamente el ISC con su voz calmada.
–Entendido, Ptolomeo… Predator iniciando las rutinas de desembarco en planeta Ross –confirmó Enikan y Ptolomeo pudo percibir como la nave de combate se impulsaba hacia la órbita del planeta, cambiando su curso levemente.
El ISC permaneció callado una vez más, observando con calma la pantalla grande en donde se mostraba la superficie de Ross. Estaba seguro de que los Kraken los seguirían aun en la superficie del planeta y no escaparían si no llegaba a las coordenadas de la Novena Flota, e incluso así no había garantías. Pero sabía que las reparaciones demorarían y era poco probable que lo lograra si permanecía en el cosmos y obligaba a Predator a mantener altos niveles de gasto de su valiosa energía.
La luminosidad de los ojos de Ptolomeo pareció hacerse más débil cuando pensó en que había estado tan cerca que era imperdonable que se perdieran sin poder hacer nada las últimas unidades Alpha y sus datos, después de una década de su partida desde la Tierra para contener la devastadora y cruel ofensiva Kraken. Habían estado en tantos combates y escaramuzas que era una proeza si se tenía en cuenta que la vida de un soldado humano no hubiera durado más que ocho minutos, y eso si tenía suerte, porque los híbridos no eran humanos del todo pero sí en parte, y por eso heredaron su debilidad característica.
El pitido de un indicador se disparó y Ptolomeo movió su cabeza hacia otra pantalla de las muchas que continuaban en la sala, esta vez una pequeña.
–Ptolomeo, detectada caída catastrófica de potencia. TFS Predator en curso de colisión –informó Enikan.
–Desvía la energía de la sala de contensión. –ordenó sin pensarlo Ptolomeo, levantando un brazo.
–Energía desviada… veinte minutos para la pérdida de las muestras –reportó Enikan.
La cabeza del ISC se volvió hacia la superficie oscura en que se soportaba. Estaba consciente de que los Kraken iban a perecer en los contenedores sin que Enikan lo mencionara y eso no le gustaba, los necesitaba tanto como a los Alpha para las investigaciones y esa era una de las misiones de la Flota Élite, por eso se habían internado peligrosamente en la zona de reproducción situada en Zetes. Pero no había otra solución, la prioridad era que los híbridos llegaran a la Tierra y, por otro lado, era probable que varios de los especímenes se mantuvieran con vida, pues eran criaturas resistentes en extremo y lo habían demostrado en incontables ocasiones.
–Es inevitable… –dijo Ptolomeo luego de una pausa y sus ojos se posaron en la esfera gris que cada vez se hacía más grande, sintiendo con sus sensores que la gravedad interna de la nave se debilitaba.
Pero no pudo concentrarse en sus pensamientos pues la voz de Enikan volvió a escucharse y una pantalla holográfica se desplegó casi delante de su larga cara de pulido blanco.
–¡Alerta! Detectando ventana de crono salto del enemigo, repito… –dijo la computadora central.
En la pantalla pudo verse que se desplegaba un portal de salto dimensional no lejos de la posición del Predator y de su luz cegadora salía una de las naves de combate Kraken, una verdadera nodriza, reintegrándose a sólo unos miles de kilómetros detrás del maltrecho crucero de la Tierra.
–¡Kraken! Nos han encontrado demasiado rápido –dijo el ISC como si estuviera entristecido, mirando la imagen, y se quedó observando cómo la nave los detectaba y comenzaba a seguirlos a la vez que mucho más lejos otra distorsión del campo se manifestaba.
–Enikan, inicia sistemas ofensivos MAG–10 y has disparos disuasivos a esa nave. Debemos demostrarles que somos más poderosos de lo que nos vemos para evitar una batalla con los Kraken. También necesitaremos encontrar un sitio en la superficie de Ross donde Predator pueda ocultarse y pasar desapercibido –ordenó Ptolomeo esperando que con la energía del Predator disponible se pudiera disparar a sus enemigos sin que las maniobras se vieran perjudicadas.
–¡Entendido, Ptolomeo! Estoy iniciando sistemas MAG–10 y preparando lanzamiento de una sonda de procesamiento geológico hacia la órbita con la orden de búsqueda de sitio de ocultamiento –reportó Enikan.
El sistema MAG–10 de un Spartan era lo suficientemente poderoso como para disuadir a una o dos naves de guerra y si había suerte podían hacer tiempo y lograr que las naves que habían llegado esperaran los refuerzos que sin lugar a dudas las seguían.
No obstante, la suerte no estaba de parte de Ptolomeo y la voz de Enikan no demoró en oírse de nuevo.
–Error grave de inicialización. Energía insuficiente para la operación de los cañones MBK–2500 y la operación de los propulsores gravimétricos. Peligro, TFS Predator vulnerable enfrente de nave de guerra hostil. Enemigo inicia maniobras de combate. –dijo Enikan y la sirena comenzó a sonar como cuando habían llegado a Alfa Centauri A.
Un humano se hubiera desanimado por encontrarse en la situación en que se veía Ptolomeo, desprotegido frente a un enemigo que lo superaba con su crucero inutilizado. Pero la central de comandos no podía desanimarse, era una criatura diseñada para esos casos y su frío cerebro cuántico siguió con la misma estrategia, lo único que en vez de dispararles con los cañones de rango largo utilizaría otra variante.
–Enikan, comienza lanzamiento inmediato de los MWCT–G20KM restantes, ordena la destrucción de la nave enemiga e inicia las maniobras de descenso. Debemos ocultarnos en Ross pase lo que pase. –ordenó Ptolomeo.
–¡Entendido, Ptolomeo! Los guardianes clase A, MWCT–G20KM Raider[2], están siendo preparados para la batalla.
En ese mismo instante unas criaturas mecánicas bípedas de considerable envergadura e impresionante porte, con los brazos de borde exterior redondeado para que se parecieran a un semicírculo, encendieron sus grandes ojos violáceos en uno de los inmensos depósitos del crucero clase Spartan de la Tierra. Estaban colgadas de unos soportes metálicos cual gruas corredizas pero éstos se pusieron pronto en marcha para irlas depositando en la superficie de la sala.
–Enikan, guardián de la clase A MWCT–G20KM Raider en línea y listo para el combate –decían las máquinas con una potente voz electrónica a medida que concluían las rutinas de comprobación de su IOSSAC[3], y se erguían orgullosas.
Las criaturas robóticas permanecieron unos segundos en silencio, observando lo que había delante de ellas envueltas en la penumbra del depósito. En medio de esa negrura que las rodeaba debido a la escasez de energía sus violáceos y luminosos ojos refulgían como estrellas. Pero la calma que reinaba en la inmensa sala cayó hecha pedazos por la voz electrónica de uno de los guardianes clase A, que la cubrió rebotando contra las paredes.
–Entendido, Enikan. Raider iniciando intercepción de nave enemiga marcada –informó después de recibir instrucciones por medio inalámbrico.
Entonces, como si lo hubieran ensayado para ese día, las últimas cuatro criaturas mecatrónicas que despertaron de su letargo dieron varios pesados pasos comenzando a moverse hacia una de las inmensas compuertas que había cerca de ellas.
Los poderosos robots esperaron a que se separaran poco a poco, deslizándose, las puertas blindadas que les estaban bloqueando su paso, para después continuar por su camino hasta detenerse de nuevo, esta vez sobre una plataforma de grandes dimensiones, y bordes naranjas y parpadeantes.
Las compuertas se cerraron de nuevo con un zumbido de motores detrás de los cuatro guardianes clase A y luego, en pocos segundos, delante de ellos comenzaron a deslizarse de una manera silenciosa las puertas de grueso blindaje que conducían hacia el cosmos.
Entonces, cuando las negras fauces del espacio vacío se mostraron delante de ellos, heladas y cubiertas de estrellitas lejanas y parpadeantes, se lanzaron en ellas uno detrás del otro, y se convirtieron en rápidas naves de guerra, como si de cazas a manera de platillo se tratara.
Las naves pequeñas dieron una vuelta de reconocimiento a su nave nodriza y de su parte delantera pronto emergieron los cortos pero potentes cañones blaster MBK–2100 con los que estaban equipados, y sus lanza misiles, que se pudieron ver en su panza cuando se comenzaron a dirigir a donde la primera gigantesca nave Kraken se había manifestado como un negro castillo metalico con largas columnas piramidales, rodeado de una luz blanca como neblina.
–Enemigo localizado, Enikan, iniciando la batalla –reportó la voz electrónica del MWCT–G20KM que comandaba a sus compañeros de escuadra y ésta se escuchó claramente en la sala del puente de mando del TFS Predator, en donde los ojos de Ptolomeo observaban en la pantalla como los robots volaban hacia su enemigo, con sus propulsores encendidos, sin que les importara para nada la evidente superioridad de su contrincante.
Ptolomeo estaba consciente de que los guardianes clase A no resistirían durante mucho tiempo a los Destroyers de la nave Kraken, como se les llamaba a los exoesqueletos con los que las feroces criaturas se cubrían, eran pocos para la desigual batalla. Pero no disponía de nada más y necesitaba entretenerlos hasta que su nave se ocultara, y esperaba que éstos le duraran lo suficiente para hacerlo.
–Descansen en paz, hermanos, su sacrificio no será vano si los Alpha se salvan –murmuró viendo con los sistemas de visión lejana como las ráfagas de rayos de un verde–azulado de los blaster se estrellaban contra los encendidos escudos de la nave enemiga, y a los Destroyers que iban saliendo en miríadas como siniestros puntos de luz para hacerle frente a la nueva amenaza, pues incluso si los Raider eran máquinas menos conscientes de su propia existencia, eran útiles y no los menospreciaba.
   
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[1] Sistema Integrado de Comando, por sus siglas en inglés.
[2] Arma Móvil de Tecnología Cuántica modelo G20KM, Invasor, por sus siglas en inglés.
[3] Sistema Operativo Inteligente de los Sistemas de Combate Autónomos por sus siglas en inglés.